domingo, 27 de enero de 2008

Mirenlos libar la sangre de los corderos


Mirad vuesas mercedes como liban la sangre de los corderos inocentes, que a la mano artera de estas gentes han llegado marchando bajo los sones tenues de canciones heroicas.

Mirad como esquilman de sus lanas a la juvenil tropa de inocentes que ha venido a pacer en las praderas de un saber acumulado, mirad como beben de su sangre cual licor en las bodegas frías de los nobles.

Líbranos señor de estas gentes que han mancillado los honores de las artes y las ciencias que otros varones y otras damas han ganado para vestir los estandartes de la casa que hoy ocupan.

¿De qué sirve el estudio al pobre si el nuevo y el viejo rico meten mano en su bolsillo a cuenta de su crédula inocencia?

¿De qué sirve el crédito que el estado otorga a la hija del campesino o al hijo de la costurera si al maestro que bien le enseña se le escatima su estipendio y los dineros que se piden para mejorar el techo de esta casa, sus cimientos y sus naves siempre es poco y se le niega?

¿Hasta cuando gozarán de impunidad los argumentos febles y antojadizos de estas gentes, que descansa en el temor de los que no aplican en beneficio del débil su pluma?

No callaré señores, no callaré, porque algo huele mal en esta casa y preciso buscar al animal muerto que con su pútrido hedor ofende el aroma de laureles que el saber entrega a quien lo honra.

Mostradme el rastro... sabré cazar a la bestia.

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