viernes, 1 de enero de 2010

La vida es bella

Quiero darle las gracias a todos y todas por el amor vivido en el año 2009 que se fue
y por el amor que viviremos el año 2010 y durante los años por venir.

Quiero darles las gracias a todos y todas los que nos acompañaron, a mí, a mi mamá, a mis hermanos, a mi amadas Viviana y Anayen, tras el fallecimiento de mi papá el 25 de diciembre del 2009.

Quiero decirles que mi papá tuvo un día feliz, una feliz navidad. No me canso de decirlo porque en verdad es el mejor regalo de navidad que hemos recibido. Llegó la muerte en un día de plenitud y felicidad.

Tengo un padre y una madre maravillosos, una esposa y una hija maravillosos, unos hermanos maravillosos, una cuñada y unos sobrinos maravillosos, una tía maravillosa que acompaña a mi mamá, toda una familia y una cantidad de amigos impresionante, bellos seres humanos que nos acompañamos en el camino de la vida.

Quiero decirles, a todos y todas los que pasan por este sitio, que si hay un deseo que puedo tener para ustedes este año 2010 es este: que tengan mucho amor, salud y como dice mi amigo del alma, libertad.

La vida es bella, sobrevive la belleza; por Dios que es cierto, doy testimonio de que al final de la vida de quienes amamos, sobrevive la alegría, la belleza, el amor y la amistad. Sólo hay muerte si hay olvido, lo demás es pasar.

Quiero transitar sin hacer daño ni hacerme daño, todo mi ser quiere dedicarse a construir un mundo mejor y ese mundo empieza en mi casa, en la casa de mi madre, de mis suegros, de mi hermano, de todos quienes amo.

Para cambiar el mundo debo amar, es un deber que no cuesta nada, es un placer que lo llena todo.

Que sean muy felices y gracias, infinitas gracias, que el amor sea con ustedes.

Finalmente, les regalo el poema que escribi hace algunos años para mi papá y que leí en su funeral :

Árboles viejos


Cuando te vayas quizás quedaré solo para entender que los árboles se deshojan

mucho antes del otoño, que la savia escurre en dirección al cielo

y que las hojas muertas viajan leves hasta besar el sol, reseco y gastado.


Y entenderé que a veces el filo no fue suficiente ni piadoso con tu madera furiosa,

que viviendo junto al río tambaleaste sobre el agua que bebías

y el tiempo llevó tus ramas una tras otra.

Entenderé que torcido como estabas no conociste nunca el mejor sur o el inclemente norte

hacia donde orientar ese follaje escaso que buscaba el sol, cualquier sol.


Entenderé que las semillas que descolgaste al mundo crecieron a tu sombra

y ahora te empujan hasta el cauce después de cada crecida del caudal.


Vendrá el viento final, vendrá callando el golpe, mi querido y viejo árbol, arbolito inmenso

que me abrigaste tantas veces y entenderé

que no siempre se puede pedir perdón por cada rama que cae sobre los renuevos,

que la ruda corteza suele ocultar nudos que nos sostienen y nos retuercen.

Entenderé que tú no entiendas, que te vayas desganchando y otras cosas entenderé.




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