
En gran medida el diálogo es un acuerdo de no agresión, la etimología de la palabra habla de conocimiento entre dos. En el espacio público, entendiendo este espacio en el contexto de una sociedad moderna, el diálogo político por definición es el encuentro entre visiones ideológicas diversas, algunas más divergentes que otras.
Es por eso que llama la atención el uso que los ministros y partidarios del gobierno de la Coalición por el Cambio le dan en sus discursos a conceptos como "ideología" o "ideológico". Esto en el contexto de la discusión que hoy sostienen con estudiantes, rectores de universidades, profesores y ciudadanos respecto de la conveniencia o inconveniencia de establecer una educación pública gratuita de calidad.

Con los partidarios de este gobierno y con los partidarios de los gobiernos anteriores de la Concertación siempre fue posible establecer diálogos, sin ir más lejos fue posible una mesa de diálogo para llevar un poco de verdad al país sobre las torturas y desapariciones ocurridas tras el Golpe de Estado del año 1973. Nadie podría decir que ese diálogo no fue difícil, ni que el tema que allí se trató no fuera importante e incluso doloroso. Pero se trataba de un problema de estado y estaba el juego la garantía del derecho a la justicia. La historia juzgará si se logro garantizar ese derecho.
Tanto el gobierno como la oposición se enfrentan hoy a la definición de un acuerdo nacional sobre un "problema de estado": garantizar el derecho a la educación de todos y todas los chilenos.
Es cierto que los actores políticos al final del día obedecen mucho más a la lógica dura del cálculo eleccionario: si la gente está descontenta con la gestión de un gobierno o de una coalición, ello se verá reflejado en las votaciones de la próxima elección. Pero no es menos cierto que las elecciones no son el único canal de expresión que posee la ciudadanía, la protesta callejera es una forma muy antigua y un indicador bastante similar a las encuestas me atrevo a decir. Y en ese sentido, el gobierno no debería descalificar a un movimiento ciudadano por elementos minoritarios que se infiltran en las marchas para ejercer violencia, mucho menos cuando una de las consecuencias más claras de una educación segregada y excluyente es la frustración social, que puede convertirse en violencia social. En pocas palabras: no puedes descalificar al maleducado que pide una mejor educación porque no se comporta "educadamente"
de la misma forma, la actitud de no tomar en consideración el diagnóstico realizado por las comisiones de expertos convocadas por los gobiernos anteriores y por este mismo gobierno fue una inacción con un sentido ideológico clarísimo: las cosas están bien para el gobierno en tanto no emprende acciones para cambiar el estado de cosas. Se trata de la ideología de lo inmutable, que se expresa en la contumaz actitud de calificar ciertos puntos planteados por los estudiantes como intratables, por considerarlos "intocables". Y a la luz de la historia, cuando se actúa de esa forma, estamos en presencia de dogmatismo, es decir, de la defensa cerrada e irrestricta de un dogma o de una verdad supuestamente revelada por la divinidad. Lamentablemente para quienes piensan de esa forma desconocen, en el sentido de rechazarlo, el derecho de los ciudadanos organizados para opinar y decidir sobre la forma en la cual implementan las garantías frente a derechos humanos de segunda generación vinculados con el principio de "igualdad" tales como la educación, la salud o vivir en un medioambiente libre de contaminación.
Hoy las garantías, por parte del estado chileno, para el cumplimiento de esos derechos son precarios y los actores políticos arrastran un desgaste en su credibilidad producto de gestiones que solo han "pateado hacia adelante" el problema de la implementación sustentable de estas garantías. Y al parecer la piedra de tope ha sido la ideología de lo inmutable,dogma que para un sector importante de la derecha chilena y de la Concertación se traduce en la libertad sin contrapesos del mercado para regular la sociedad.
Hasta hoy la derecha chilena (incluyo aquí a la Concertación) se ha mostrado particularmente torpe para lidiar con una ciudadanía descontenta y con sus pueblos originarios, con menos auxilio de los uniformados y con más participación de los políticos y los intelectuales. En ese campo me parece razonable que la derecha no quiera discutir su dogma sacrosanto del mercado, creo que son pocos los políticos que están dispuestos a poner la cara frente a sus electores y mucho menos los intelectuales disponibles para avalar un modelo que a nivel global sufre una grave crisis de legitimidad.
Un síntoma grave será darnos cuenta que pensar distinto y cuestionar ese dogma inmutable nos lleve a ser considerados como terroristas, incluso a quienes no entienden lo que leen cuando se enfrentan al concepto de "ideología", pero que tienen la clara y simple convicción de que unos pocos están ganando y no somos precisamente la mayoría.
*Fotos de la Marcha del 30 de Junio gentileza de juanortegaf78
Es por eso que llama la atención el uso que los ministros y partidarios del gobierno de la Coalición por el Cambio le dan en sus discursos a conceptos como "ideología" o "ideológico". Esto en el contexto de la discusión que hoy sostienen con estudiantes, rectores de universidades, profesores y ciudadanos respecto de la conveniencia o inconveniencia de establecer una educación pública gratuita de calidad.

Con los partidarios de este gobierno y con los partidarios de los gobiernos anteriores de la Concertación siempre fue posible establecer diálogos, sin ir más lejos fue posible una mesa de diálogo para llevar un poco de verdad al país sobre las torturas y desapariciones ocurridas tras el Golpe de Estado del año 1973. Nadie podría decir que ese diálogo no fue difícil, ni que el tema que allí se trató no fuera importante e incluso doloroso. Pero se trataba de un problema de estado y estaba el juego la garantía del derecho a la justicia. La historia juzgará si se logro garantizar ese derecho.
Tanto el gobierno como la oposición se enfrentan hoy a la definición de un acuerdo nacional sobre un "problema de estado": garantizar el derecho a la educación de todos y todas los chilenos.
Es cierto que los actores políticos al final del día obedecen mucho más a la lógica dura del cálculo eleccionario: si la gente está descontenta con la gestión de un gobierno o de una coalición, ello se verá reflejado en las votaciones de la próxima elección. Pero no es menos cierto que las elecciones no son el único canal de expresión que posee la ciudadanía, la protesta callejera es una forma muy antigua y un indicador bastante similar a las encuestas me atrevo a decir. Y en ese sentido, el gobierno no debería descalificar a un movimiento ciudadano por elementos minoritarios que se infiltran en las marchas para ejercer violencia, mucho menos cuando una de las consecuencias más claras de una educación segregada y excluyente es la frustración social, que puede convertirse en violencia social. En pocas palabras: no puedes descalificar al maleducado que pide una mejor educación porque no se comporta "educadamente"
de la misma forma, la actitud de no tomar en consideración el diagnóstico realizado por las comisiones de expertos convocadas por los gobiernos anteriores y por este mismo gobierno fue una inacción con un sentido ideológico clarísimo: las cosas están bien para el gobierno en tanto no emprende acciones para cambiar el estado de cosas. Se trata de la ideología de lo inmutable, que se expresa en la contumaz actitud de calificar ciertos puntos planteados por los estudiantes como intratables, por considerarlos "intocables". Y a la luz de la historia, cuando se actúa de esa forma, estamos en presencia de dogmatismo, es decir, de la defensa cerrada e irrestricta de un dogma o de una verdad supuestamente revelada por la divinidad. Lamentablemente para quienes piensan de esa forma desconocen, en el sentido de rechazarlo, el derecho de los ciudadanos organizados para opinar y decidir sobre la forma en la cual implementan las garantías frente a derechos humanos de segunda generación vinculados con el principio de "igualdad" tales como la educación, la salud o vivir en un medioambiente libre de contaminación.
Hoy las garantías, por parte del estado chileno, para el cumplimiento de esos derechos son precarios y los actores políticos arrastran un desgaste en su credibilidad producto de gestiones que solo han "pateado hacia adelante" el problema de la implementación sustentable de estas garantías. Y al parecer la piedra de tope ha sido la ideología de lo inmutable,dogma que para un sector importante de la derecha chilena y de la Concertación se traduce en la libertad sin contrapesos del mercado para regular la sociedad.
Hasta hoy la derecha chilena (incluyo aquí a la Concertación) se ha mostrado particularmente torpe para lidiar con una ciudadanía descontenta y con sus pueblos originarios, con menos auxilio de los uniformados y con más participación de los políticos y los intelectuales. En ese campo me parece razonable que la derecha no quiera discutir su dogma sacrosanto del mercado, creo que son pocos los políticos que están dispuestos a poner la cara frente a sus electores y mucho menos los intelectuales disponibles para avalar un modelo que a nivel global sufre una grave crisis de legitimidad.
Un síntoma grave será darnos cuenta que pensar distinto y cuestionar ese dogma inmutable nos lleve a ser considerados como terroristas, incluso a quienes no entienden lo que leen cuando se enfrentan al concepto de "ideología", pero que tienen la clara y simple convicción de que unos pocos están ganando y no somos precisamente la mayoría.
*Fotos de la Marcha del 30 de Junio gentileza de juanortegaf78
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